Educación infantil

Circulación libre

La circulación libre o puertas abiertas, como su propio nombre indica, se basa en abrir las puertas de las clases y dar opción al alumnado para decidir dónde, con quién y a qué jugar, conectando con su deseo y con su necesidad, siendo así los verdaderos protagonistas y autores activos de su aprendizaje.

Las clases están organizadas en espacios físicos preparados conscientemente para el  aprendizaje, la relación y la comunicación, donde a partir de diferentes propuestas los niños y niñas pueden actuar, observar, experimentar, construir, inventar, imaginar, compartir, relacionarse, emocionarse,… e interactuar con los demás. Es una manera de poder dar respuesta a los intereses y necesidades de los niños y niñas y de respetar los diferentes ritmos de aprendizaje.

La organización de los alumnos  y alumnas se realiza por intereses y no por edad cronológica, lo que contribuye a la ayuda y colaboración mutua entre pequeños y mayores.

El profesorado es acompañante, guía en este proceso, donde observa, está a la escucha, disponible y sobre todo acompaña emocionalmente. Como organizador y creador del espacio, favorece el aprendizaje experimental de los niños así como su capacidad de decisión.

Aprendiendo en la naturaleza

El hombre actual ha llegado a crear hábitats artificiales, a cubrir la tierra con capas de cemento, a situar árboles y plantas como meros adornos en macetas o a entender el concepto de higiene como pureza sin vida.

En la escuela también es habitual que los alumnos de educación infantil elaboren fichas, fotografías o programas informáticos sobre los nombres de los árboles, el tiempo, las estaciones del año. Esta asimilación entre las cuatro paredes no construye más que una imagen abstracta del medio natural.

En la opinión de que el mundo virtual no puede quitar tiempo ni espacio a la experiencia directa y real, y creyendo que los verdaderos educadores son los recursos que ofrece el entorno del niño, dejamos atrás las cuatro paredes de la escuela y reivindicamos la necesidad de un contacto directo con el mundo físico natural en el proceso de aprendizaje.

Antes de pedir a los niños que se crezcan sanos o salven el planeta Tierra, hay que darles la oportunidad de comprender y amar la naturaleza: tocar, oler, escuchar, respirar, ver o saborear a través de los sentidos.

El espacio en el que el niño juega y se desarrolla, influye en la actitud del propio niño. En los lugares ruidosos que suelen estar repletos de gente, el juego es frenético. En cambio, en los lugares ordenados donde predominan los tonos claros, el juego suele ser más tranquilo y profundo y más si cabe, cuando el juego se da al aire libre y sin juguetes, con el único estímulo de los elementos naturales.

Cada vez son más los centros educativos que a nivel mundial abren las puertas a la naturaleza y la entienden como un espacio de aprendizaje. Los espacios abiertos ofrecen libertad física y psíquica, acumulándose menos estrés. Nuestro pensamiento, nuestra creatividad, se va desarrollando sin sufrir juicios de nadie. El ritmo de la naturaleza, es más lento que el que impone la sociedad, lo que implica más paciencia y serenidad.  Cada uno se mueve a su ritmo y no hay competición.

El hecho de que todos los participantes partan de las mismas condiciones implica una reducción de los conflictos. Al jugar todo la clase en la naturaleza, se garantiza la empatía, la colaboración, las actitudes de apoyo y el trabajo en equipo, potenciando el sentimiento de grupo. Al mismo tiempo, se desarrolla el respeto a los límites y normas de convivencia.

Aprendiendo en la naturaleza, los alumnos toman conciencia del respeto por el medio ambiente, reduciendo las destrucciones, los ensuciamientos.

Psicomotricidad

“La psicomotricidad es una disciplina que a través de la evolución corporal y de los movimientos, favorece que el niño desarrolle sus potencialidades sensoriomotoras, afectivas, cognitivas y relacionales.” Bernad Acouturier

 

El aula de psicomotricidad permite realizar vivencias basándose en el placer que proporciona el movimiento y en las relaciones con los demás. El objetivo básico es poner al niño o niña en situación de vivir emocionalmente el espacio, el objeto y las relaciones con los demás, en un marco específico, adecuado a su edad y grado de madurez, y ayudarle a desarrollarse.

La utilización del propio cuerpo es un aspecto básico del descubrimiento personal que tienen que realizar las niñas y niños. La importancia de un adecuado desarrollo psicomotriz es incuestionable. A través del movimiento, la niña y el niño van organizando mentalmente el mundo exterior que les rodea. En el aula de psicomotricidad adquieren nociones espaciales, temporales, de lateralidad, relativas a su cuerpo, a los objetos, a situaciones que les facilitan la adquisición de nuevos aprendizajes y al desarrollo de sus capacidades.

La psicomotricidad es una disciplina que convierte el movimiento en un medio de comunicación tan poderoso que no sólo sirve para transmitir sentimientos, sino también para desinhibir al niño, desarrollar su intelecto y proporcionarle la oportunidad de controlar sus desajustes emocionales.

Las sesiones de psicomotricidad son un lugar privilegiado, que permiten al niño y niña mostrarse como es en realidad, sin ser excluido, sin sentirse juzgado. Permite explorar e investigar, superar y transformar situaciones de conflicto, relacionarse con los demás, disfrutar del juego en grupo y expresarse con libertad generando satisfacción y felicidad. 

Teatro familiar

La relación familia escuela resulta fundamental para contribuir al desarrollo integral del niño. Nadie pone en duda que la educación es una tarea compartida entre padres y madres y educadores. 

No hay nada más imprescindible que abrir canales de comunicación entre el hogar y el centro educativo. Establecer una acción conjunta y coordinada que contribuya decisivamente en el desarrollo intelectual, social y emocional del niño. Si bien en los primeros años de vida, la familia es la principal instancia socializadora, la escuela se convierte en el contexto decisivo de su desarrollo social. La colaboración entre ambas instituciones es fundamental en la conformación de una visión globalizada y completa del niño. 

Esta acción conjunta de los dos contextos principales del niño conducirá a su estimulación, aumentando autoestima, rendimiento escolar y capacidades actitudinales. En efecto, el reparto de responsabilidades es fundamental para el desarrollo del autoconcepto del niño en edades tempranas. También, cómo no, para la mejora de sus habilidades sociales, psicomotrices, creativas y cognitivas. 

Pero es que, además, una buena interacción familia escuela proporciona al niño una percepción de acercamiento y proximidad que consigue que cargue el ámbito escolar de atributos de familiaridad y seguridad. Todo lo cual llena de confianza al niño.

Uno de los modos de colaboración de las familias es la petición de ayuda en la organización de actividades del centro. Creemos que el hecho de recurrir a la ayuda de los padres y madres es una forma más de establecer esa confianza que el niño o niña tanto agradece. Además, consideramos que se debe dar la oportunidad a las familias de formar parte de ciertas actividades de sus hijos e hijas.

En el Ceip Dulantzi organizamos la actividad de Teatro familiar. Un grupo abierto de familias que junto con dos educadoras, montan pequeñas obras de teatro para representar delante de los niños y niñas en diciembre y en mayo. Preparan los decorados, el vestuario, organizan el reparto de papeles, los ensayos,… y representan las obras delante de los pequeños y pequeñas que disfrutan viendo a sus familias actuar y participar en las escuela.

Una actividad que empezó siendo una pequeña colaboración y que hoy en día se ha convertido en uno de los proyectos más importantes que tenemos en educación infantil.

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